In Arte

Es increíble observar y escuchar tantas expresiones artísticas, incluyendo la mía, en la que los artistas encontramos diferentes medios para crear un vínculo de comunicación entre lo que sucede en nuestro ser y el mundo del cual somos parte.

Freddie Mercury, con su Bohemian Rhapsody, nos expresó ese grito interno de desesperación, arrepentimiento y búsqueda de consuelo que aún, después de su muerte, al escuchar su melodía seguimos sintiendo. Esa fuerza y sentimientos que se activan al escuchar su música y que perduran en el tiempo, trasladado a la pintura y a la escultura son, para mí, una verdadera obra de arte.

Cuando se observa un cuadro, él mismo debe trasmitir los sentimientos, ya sea de locura o desesperación, como “El Grito” de Eduard Munch o de armonía y creación como los cuadros de Zheng Daqian. Si, por el contrario, lo que se observa no trasmite nada, solo un vacío o un sentimiento de desubicación, como ha sucedido con muchas obras durante las últimas décadas, se está frente a una creación decorativa y no una obra de arte.

¿Por qué? Porque la obra de arte nace del alma, de la persona que la crea, tiene coherencia, armonía refleja su ser y carece de influencias externas, en especial del Mercado de arte. Es aquí donde los artistas encontramos nuestro talón de Aquiles, el cual nos conduce en momentos dados a la desesperación y desubicación, que influyen en nuestro trabajo. Estamos frente a la dicotomía de crear lo que sentimos o crear lo que el Mercado quiere que vendamos, y eso es lo que ha pasado en las últimas décadas.

Los artistas nos hemos dejado influenciar por el medio y muchas obras reflejan el vacío producto de esta influencia. En pocas palabras, son el resultado de un sistema feroz, donde la venta determina el objeto del cuadro y el artista junto con su creación pasan a un segundo plano.

¿Pero qué pasa en este contexto, en el que coronavirus frenó al mundo en todos los sentidos?

Es el momento crear desde el silencio y de escuchar, como diría Beethoven, “la voz de Dios” dejando que el dirija la obra. Es el momento perfecto para romper lo mundano de la inspiración y dejar hablar el alma. Es el momento, como artista, de recuperar los valores y principios que permiten realizar la mejor obra de arte, la cual es escuchar nuestra voz plasmada nuestro trabajo, cualquiera que este sea.


EDICIÓN:

Camila Llano y Laura Llano.

IMAGEN DE PORTADA:

En la actualidad las obras de arte así como el oro o la plata son consideradas un gran inversión, ya que son activos que se valoriza con el tiempo. Energía obra de Gloria Llano (parte superior).

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